Y es aquí donde publicaré lo que se me ocurra escribir...
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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Más mamá

—Quiero teta.
—¿Servilleta?
—No, teta.
—¿Pandereta?
—No. Te-ta.
—¿Pantaleeeetaaa?
—Teeee-taaa, mamá, teta.
—¿Bicicleta?
—Ciqueta… yo monto yo ciqueta e Mañiana.

En la bicicleta de Mariana
—¿Tú te montas en la bicicleta?
—Sí, ciqueta e yindo, yo monto…
—¿Te gustan mucho las bicicletas, bebé?
—Sí, tuta ciqueta yo
—Uhmmm… Vas a tener que pedirle al Niño Jesús una bicicleta… Tú sabes que el Niño Jesús es muy bueno…
—Sí… Tetú
—Bueno, el Niño Jesús es muy bueno y nos cuida y nos da cosas buenas… Y es tan bueno que en su cumpleaños, que es en Navidad, él nos hace regalos.
—Ajá
—¿Qué le vas a pedir tú al Niño Jesús?
—Más mamá.
—¿Cómo???
—Más túúú, más mamá…

Y me abrazó y yo todavía tengo la boca abierta. Todos los niños siempre nos enseñan. Los hijos, sin embargo, nos dan las más grandes enseñanzas en la cotidianidad. Hoy se cumplen dos años de que mi nena y yo nos vimos a la cara por primera vez, de su primer llanto y su primer abrazo con papá. Que bendición más grande nos ha dado el Niño Jesús.

¡Feliz 4 de noviembre a todos!  

jueves, 31 de julio de 2014

Y sí, ya soy mamá

La bebé nació exactamente un año después de la última vez que vi a mi papá-abuelo. Cumplidas las 39 semanas tuvieron que hacerme una cesárea para evitar un riesgo mayor. De modo que tuvimos que interrumpir la feliz estadía de la bebé en mi vientre para vernos cara a cara sin más riesgo. La cesárea fue una experiencia traumática para mí, no estaba preparada y creo que nadie lo está: la salud está deshumanizada y pareciera que cuánto más cara la clínica más deshumanizado el proceso. Sin embargo, todo eso valió la pena por ver el rostro más hermoso, rojito y redondito que haya visto jamás. Y sí, la bebé llegó para transformarlo todo en alegría. Ese día tuve la suerte de estar rodeada de mucha gente bella: mi familia y mis amigos. Es una bendición que tu bebé sea tan bien recibida.

El primer día
Las semanas siguientes tuve a mi mamá a mi lado, eso fue lo mejor de la vida, me alimentó muy bien y me dio mucha fortaleza. Es que tener a un recién nacido y estar recién operada no es nada fácil ni agradable. Y sí, cuando tienes un hijo aprendes a amar aún más a tu mamá. También Dios me bendijo con la ayuda de mi hermana, que trataba a la bebé con un amor maternal hermoso. En fin, en las primeras semanas, la bebé y yo estuvimos rodeadas de mucho amor de mi mamá, de mi hermana, de mi hermano aunque no se notara mucho, y especialmente de Edgardo, que está disfrutando tanto como yo esta alegría.

Mi hermana y mi mamá

Lo siguiente fue vestirla bonita y salir y ¿A quién se parece? –A Alejandro Sanz. –Al amor… ¿Se porta bien? –Mejor que tú… ¿Te deja dormir? –Toda la noche. ¿Es tranquila? –Claro… ¿Come bien? –Sí, mírale las piernotas ¿Y ya toma tetero? -No y mejor que no, qué flojera.



Y sí, la vida te cambia. Mi vida sigue siendo aburrida y mis actividades las mismas peeero ahora me dedico a leer sobre crianza y alimentación y a hacer cintillos. Esas son ahora mis líneas de investigación.

Los meses han pasado volando tal como pasa el tiempo siempre que uno es feliz. Ese rostro que siempre quiero admirar ya me sonríe, ya me lanza besos y ya me dice:
 Ma – má

domingo, 13 de octubre de 2013

La hermosa experiencia

La noticia nos llegó un tanto tarde y en mal momento. Mi mente, mi cuerpo, todo estaba centrado en mi hermana. No me importaba otra cosa, realmente, no me importaba ni comer, ni dormir, ni hacer el esfuerzo que fuere. Fueron días borrosos y terribles. Pasados muchos días de esos fui al médico por un dolor, sin la más mínima sospecha de que estaba haciéndole daño al mejor regalo que Dios me había mandado y que como mucho de lo que hace Dios se mantenía en secreto. Tal vez esta bebé ha sido enviada por Dios para volver los malos momentos en momentos hermosos.
Lo siguiente fue guardar reposo, asustada muy asustada, y con la cabeza donde estaban mi mamá y hermanos. Pasado ese primer riesgo…


Vomitar, vomitar, vomitar… No tolerar nada… ¡Pun! Emergencias, medicinas, más reposo…
Vomitar, marearse, digerir mal, sangra la nariz, sangran los oídos, duelen las piernas, sueños locos…
Pateó [Mayor alegría]
Calambres, calambres, calambres… No caminar bien… ¡Pun! Caída. No pasó a mayores.
Acidez, diarrea, estreñimiento, no poder dormir completo, no respirar bien… Las “pataditas” duelen…
Debilidad, cansancio, anemia… ¡Pun! Emergencias, hierro endovenoso, reposo absoluto…

Creo que me quedo corta de síntomas, ya llegamos a la semana 36 y ahora es que estoy llorando hasta porque lloro. Hace tres semanas murió mi papá-abuelo. Sentí que moría. Sentí un dolor inmenso, incomparable, lloré pero no lloré todo lo que siempre pensé que lloraría y lo hice porque la bebé no parecía sentirse bien o trataba de alegrarme con sus pataditas porque se movía y se movía… Una vez más, ella transformaba lo peor en lo mejor. Todavía no entiendo cómo pueden decir que “el embarazo es la mejor experiencia de la vida”… No lo creo… Es un desgaste físico y emocional grandísimo, eso sin contar el económico. No logro entender la gente que lo busca con propósitos viles… Creo que sin amor no se puede sobrevivir a esto. En este momento estamos en riesgo otra vez, la bebé debe esperar al menos tres semanas para nacer y en ese tiempo yo debo subir mis valores hematológicos a valores normales para que todo salga bien para las dos.

Para mí, lo mejor de la vida no es el embarazo sino la vida nueva y como siempre pasa con las mejores cosas, se pasa trabajo por ellas. Dios nos siga acompañando en este camino a conocer cara a cara a la vida.