Y es aquí donde publicaré lo que se me ocurra escribir...
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sábado, 15 de mayo de 2021

Parece mentira

Parece mentira que se haya cumplido un mes desde que nos avisaron que mi tío padrino murió en el hospital. Para mí y creo que para él también era casi imposible que se muriera por cóvid. Mi tío Marconi era de buen comer, de tener mucha energía, de trabajar duro y jugar fútbol los sábados. Recuerdo que el año pasado me dijo que él no se contagiaba, que él trabajaba y se cuidaba con la mascarilla y no se contagiaba. Se sentía y se veía muy fuerte pero Dios tenía previsto algo mejor para él.




Desde que se enfermó, a finales de marzo, hemos orado mucho por él. Y desde que murió suelo escuchar de la nada su voz que retumbaba, la voz que siendo niña me llegaba a molestar con un “Vamos pueblo” que significaba que su visita a mi casa había terminado, que es esa misma voz que algunos temían, pero yo no. Mi tío fue muy generoso conmigo desde antes de mi nacimiento hasta muy pocos días antes de morir. Era un hombre de cálculos y de números, no de abrazos ni de poesías. Era un hombre práctico y siempre parecía estar muy apurado. También en morir se apuró.





Me consuela pensar que llegué a decirle que lo quería mucho, aunque se mostrara esquivo. Sé que me escuchó. Me da mucha tristeza pensar que no lo llegué a engreír de viejito. Dios sabe por qué. Me cuesta mucho acostumbrarme a la idea de que no llegará en cualquier momento y a cualquier hora a la casa a traer algo o a encargarme una traducción certificada. También me cuesta mucho acostumbrarme a la idea de que iré a su casa, pero no escucharé más el estruendo de su voz.





Tengo tanto que agradecerle que enumerarlo sería injusto. Mi tío sentía que siempre estaba como en deuda conmigo por ser mi padrino. No solo me hizo muchos regalos y me llevó de paseo con su familia muchísimas veces en mi infancia, sino que de adulta también fue generoso conmigo y mi familia. Son muchos recuerdos, la mayoría muy bonitos y graciosos. Los Pacheco hemos perdido parte de nuestra esencia en mi tío. Ahora tenemos que acostumbrarnos a vivir con los más bonitos recuerdos y aprovechar de crear nuevos entre los que vamos quedando.



viernes, 27 de noviembre de 2020

Salvarse la vida en cuarentena


Yo también inicié la cuarentena con la inocencia del que no sabe nada. Y eso que me creía experta. Creía que por haber pasado temporadas en casa o por trabajar desde casa, no me iba a afectar. Creía que 15 días se pasarían rapidísimo, que me servirían para mucho. Nada de eso fue así. A las dos semanas ya estaba más aturdida de lo aturdida que suelo estar. Sí, es verdad, yo no salía de la casa pero los demás sí. Y en cuarentena nadie sale.

La cuarentena reavivó mis ganas de Twitter. Nunca he cuantificado el mucho tiempo que paso en esa red social, pero contando con lo demandante que es esta casa, no puede ser mucho. Sin embargo, fue el tiempo suficiente como para que cuando Marianne (como perenne) ofreciera ahí GRATUITO su taller Escribir Latinoamérica, yo lo viera y estuviera entre los primeros que respondieron interesados. Obviamente creí que no iba a “quedar”, que seguro que llegué tarde, que seguro que no califico, bla, bla, bla. Entonces, Marianne me escribió y era cierto. (Y pegué los brinquitos respectivos)


Yo solo conocía a Marianne de Twitter. Y conocía más su faceta de defensora de Derechos Humanos que de escritora. Que buena sorpresa me llevé al conocerla como escritora y como venezolana en el exilio. Antes de empezar el taller tenía ciertos prejuicios (quien no tenga prejuicios que lance la primera piedra) sobre las sesiones, sobre mi desempeño y sobre los posibles participantes.


Creía que las sesiones podían ser muy cortas o rápidas y que yo me quedara en el aire y sobre mi desempeño creía que esta casa no me iba a permitir asistir ni cumplir con las asignaciones. Además creía que entre los participantes podía haber muchos chilenos y muchos pedantes escritores o escritores wannabe. No tengo nada en contra de los chilenos, a muchos los amo. Es solo que temía que la comunicación no fuera muy fluida. Eso me pareció un reto. 


Nada de esto fue así, Marianne hablaba venezolano y casi todos los participantes no solo hablaban venezolano sino que habíamos vivido cerca en Caracas más o menos en la misma época. Solo había un chileno, inteligentísimo sin ser creído, y tuvo que soportar todo ese caudal de venezolanidad. El taller era un espacio para hablar como uno y eso en el exterior se valora muchísimo. 


"Vuelen, cuervos míos"

Ese espacio de cada lunes se convirtió pronto en lo más bello de la semana. Lo bauticé como #LunesDeSerFeliz porque siempre salía sonriendo en las capturas de pantalla de nuestra sesiones. Marianne es muy talentosa y muy cercana. Sus sesiones no fueron cortas ni complicadas fueron enriquecedoras. Todos los textos me gustaron mucho excepto los peruanos (sí, que loco, ya sé). Y a los textos que escribí durante el taller les agarré mucho cariño porque al parecer gustaron.


En el taller reímos y lloramos juntos. Nos reímos de los textos y de nosotros mismos. Marianne nos mandó a callar mucho mucho (perdón, maestra). Aún así lo más especial de su taller es que me permitió conocer y quedar en contacto con gente MARAVILLOSA que además de ser pana, es gente que escribe y escribe muy bien, muy real, muy latinoamericano; gente que sonríe a pesar de todo, de todo lo que hemos vivido en dictadura, en exilio y en pandemia.


Yo quería que los #LunesDeSerFeliz duraran más pero como dicen por ahí “De lo bueno, poco”. Sí, ya sé que de abril a noviembre es un taller larguísimo pero es que era tan bueno que yo quería más. Sé que este guayabo va a ser largo pero nadie me quita lo bailao ni lo escrito ni lo que me queda por escribir y corregir. 


Ciertamente en esta pandemia no aprendí recetas de cocina ni hice pan ni mucho menos rutinas de ejercicios pero sí me salvé la vida leyendo y hablando de Literatura (con mayúscula intencional). Me salvé, una vez más, escribiendo.

 


lunes, 20 de enero de 2020

Mentir por costumbre

La gente que miente, a mi juicio, profesa un profundo desprecio por aquel a quien le miente. No es sólo que no le importan las consecuencias lógicas de aquello que describieron con falsedad sino que no le importa la persona a la que le miente.

En la superficie, tiene miedo de la reacción del otro frente a la verdad: no quiere que le reclamen, no quiere que le rechacen, no quiere que el otro sufra. En realidad, esas actitudes no suponen la protección del otro sino una protección momentánea de su propia imagen. Es aquí donde viene lo crucial: esa protección es momentánea y arriesgada, porque las mentiras siempre se descubren.

Primero, pasa que a muchas mentiras se les notan las costuras y con los años y el conocimiento de la persona se detectan más fácilmente. Muchas personas detectan las mentiras y no se toman el trabajo de hacértelo saber. Segundo, pasa que otras situaciones o personas circundantes dejan al descubierto la mentira.


Tener cara no es algo común.

En ambos casos la decepción de a quien se ha mentido varía en función de la importancia que le  da a quien miente y en las consecuencias que ha traído tal mentira. Luego de la decepción y a veces de varias decepciones se pierde la confianza. Y nuestra sociedad está basada en acuerdos tácitos de confianza. Casi todas las acciones de nuestro día implican la confianza en principio en nuestro círculo más cercano pero también en todos los actores frecuentes o esporádicos de nuestra vida.

Es por ello que algo se rompe dentro de nosotros cuando vamos perdiendo confianza. Desde ese conductor que te dijo que te iba a avisar en el paradero y no lo hizo o que dijo que tomaba una ruta y no la cumplió hasta ese ser querido que te miente sobre temas delicados, todos, producen un sentimiento de incertidumbre.

No nos engañemos (que mentirnos también se nos da muy bien), todos hemos mentido, todos mentimos y seguramente todos lo haremos muchas veces más. Quizás se nos está pasando la mano de tanto mentir. ¿Vale realmente la pena mentir aunque causes dolor cuando llegue la verdad? ¿Es lo mismo un "llego en 10 minutos" falso que ocultar una bancarrota o un embarazo a tu familia?

Habría que pensarlo bien siempre antes de mentir o de ocultar verdades, sopesar consecuencias. Muchas veces un "no sé", por antipático que suene, es mejor a una fantasía que busque satisfacer una suerte de situación ideal. Ir armando una vida o una cara de una realidad que no es la personal es un riesgo que crece a medida que crecen las mentiras. Se pierde la confianza del entorno y luego el golpe de realidad siempre será más doloroso que haber afrontado la realidad desde el principio. Siempre.

sábado, 13 de mayo de 2017

“Dame el teléfono o te meto un tiro”


A las 12:05 le escribí a Isabel que estaba saliendo del edificio e inmediatamente como un acto litúrgico silencié el teléfono, lo guardé en una cartucherita, la metí bien al fondo de mi bolso y salí. Cuando iba a mitad de calle vi que había pan y como seis personas en la cola (un milagro en estos días), compré el pan y no le avisé a mi mamá que había pan por miedo a sacar el celular.

Llegué a la parada y había unas tres personas, pasaban los minutos y las camionetas llenas, me di cuenta de que estaba alejada de la gente (eso no es buena idea en Caracas) y me acerqué a una señora y como para buscarle conversación le pregunté por qué estarían las camionetas tan llenas. Creo que el metro no está trabajando me dijo. Ya teníamos unos veinte minutos ahí. Le dije que una opción era caminar hasta la otra parada pero las dos pensábamos que el sol estaba muy fuerte y por dentro que era peligroso. En eso siento que me abrazan por la espalda y me hablan al oído (en un instante supe que era un atraco porque todos aquellos que pudieran abrazarme para jugarme una broma así viven fuera de Venezuela- sí, eso es bastante triste). “Quédate quietica y dame el teléfono o te meto un tiro” me dijo y yo voltee y vi su pistola. Le dije en voz alta (la más alta que puedo yo) “¿Qué te pasa a ti, chico?, esa mierda es de juguete.  (sí, dije mierda, porque en El Valle no decimos pupú cuando nos dirigimos a malandros) ¡Suéltame! (y me iba soltando) ¡Suéltame! ¡Auxilio! ¡Auxilio! Y con la pistola de juguete me pegó en la cabeza y se fue corriendo.

Me dio una arrechera. Era un carajito, un carajito nacido en Revolución que no tenía ni 15 años y tenía un pantalón negro más nuevo que el mío y una franela blanca blanquita bien planchada. La señora a mi lado estaba como en shock. La gente en la parada me dijo que creían que era mi amigo. Esperamos 10 minutos más y nos fuimos casi colgados del autobús. Y la gente me preguntaba si no me dolía la cabeza, como una hora después fue que me dolió el golpe pero estoy bien, solo era una pistola de juguete.




Hace como dos semanas le dije a mi mamá en medio de una conversación “Es que desde que yo vivo en Caracas, nunca… Bueno, no… Solo la policía y la guardia me han apuntado y ha sido en las marchas y no ha sido a mí, es decir, si he visto pistolas ha sido de ellos”. ¿Por qué un niño cualquiera de 13 años cree que puede robarse un celular a mediodía en una parada de autobús llena de gente y con solo una pistola de juguete? Porque puede. Al día siguiente de la noche de terror que vivimos en El Valle el 20 de abril, la policía pasó todo el día apostada a 10 metros de esa parada. No los hemos visto más.

domingo, 5 de febrero de 2017

Tres papeles

Queridas mujeres:

En vista de que ya han pasado seis siglos desde que se acabó la Edad Media, ya viene siendo hora de que nos hagamos el favor de alejarnos, de olvidar, de sepultar para siempre tres papeles que han dañado y dañan nuestra imagen en el mundo.

El papel de la hija mantenida: entiende algo, compañera de combinación cromosómica, si ya cumpliste 18 años, nadie en el mundo tiene  por qué pagar tus gastos básicos: vivienda, alimentación y vestido. Así funciona en la actualidad, si tienes más de 18 (o menos pero ya te fuiste del lado de tus padres) tú y solamente tú tienes que proveer tu sustento. Tal vez tus padres sean muy generosos y te quieran mantener unos años más. Es caridad lo que están haciendo por ti porque ya no es su deber por tanto deberías estar muy agradecida. No hay razones por las que debamos recibir ese tipo de caridad de nadie más.  Tu pareja NO DEBE darte ni vivienda ni alimentación ni vestido, no es de ninguna manera su obligación. 

El papel de la madrastra malvada: la madrastra malvada de los cuentos suele ser una reina que viendo su herencia multimillonaria amenazada odia a la hijastra. Si estás leyendo esto, querida amiga, es porque no eres una REINA y dudo mucho muchííísimo que el papá de tus hijastros tenga dinero para heredarte. En el mundo de ahora, lamentablemente el divorcio es muy común y eso trae hijastros al mundo. En el mundo de hoy también, las mujeres DECIDIMOS con quién relacionarnos sentimental y sexualmente. Si no te gusta ni de lejos la idea de respetar y llegar a querer al hijo de tu amorcito y otra, pues no inicies una relación con alguien que ya sea padre. No valen reclamos a posteriori. Tampoco vale tratar mal a un niño solo porque nació antes de tu llegada a la vida de tu amado.


El papel de la dueña del burdel: haber nacido con útero y vagina, querida, te da todo el derecho de opinar sobre quién entra y quién sale de tu propia vagina y quién entra y se queda en tu útero. SOLAMENTE de tu vagina y de tu útero. No estoy de ninguna manera a favor del aborto. Hay madres, hermanas, amigas, primas, ¡cuñadas!, hasta ascensoristas que le andan diciendo a las mujeres MAYORES DE EDAD cuándo y cuánto tener relaciones sexuales y lo que es peor cuándo abortar y cuándo continuar el embarazo, cuándo tener un segundo hijo o más. Sí. A mí me parece horrible, pero hay madres que incitan a sus hijas abortar y me parece una cachetada a su propia existencia pero ese es tema para otra publicación. Siempre hay mujeres queriendo mandar sobre la vagina y el útero de otras mujeres como si esas otras fueran prostitutas de su burdel.


Querida, gracias por tomarte estos minutos para leerme. Espero no haberte aburrido. Estos tristes papeles, anacrónicos, solo nos dejan mal paradas en el mundo. Es hora de dejarlos atrás. 

domingo, 28 de febrero de 2016

Venezuela del siglo XXI en un día


Desde que nació mi bebé le tengo más miedo a Caracas. Le tengo miedo a salir sola con la bebé, lo evito lo más que puedo. Lo que más hago es ir de la casa al punto de encuentro con alguien más. Ya ella tiene dos años y camina bastante pero me da miedo. Me da miedo que algo me pase, que algo le pase a ella o que algo nos pase a las dos. Y eso fue lo que pasó el día que más valiente me sentí. El día en que he vivido la dosis más grande de Venezuela del siglo XXI que haya vivido antes.

Todo empezó el jueves en la noche cuando vi en Twitter que llegó Stalevo a algunas farmacias de Locatel. Como ya ustedes saben, E. y su familia buscamos Stalevo como locos porque es una medicina que toma su mamá dos veces al día y que no puede dejar de tomarla. Ese día pedí a mis amigos de Facebook que nos compraran cuanto pudieran. Gracias a Dios, varios amigos y familiares atendieron al llamado y nos compraron.  El viernes en la mañana E. salió temprano a buscar Stalevo. Dio varias vueltas, yo seguía desde la casa por el celular todo lo que nuestra familia y amigos hacía. Vi que había Stalevo en la Av. Victoria y decidí que había que llegar cuánto antes y me fui sola con la bebé. Claro, le dije a E que me esperara allá y así fue. Lo malo empezó cuando en la esquina de la casa vi cómo un hombre le vendía a otro un arma mostrándosela y diciéndole que estaba buena y que solo había echao dos tiros. Cargué a mi bebé y me fui rápido a la parada. Decidí tomar dos autobuses en vez de uno porque según yo en el Bus Caracas no roban o roban menos.

En el Locatel me dijeron que no había. No sé si era cierto o no. A E. tampoco le vendieron. Qué mal. Mi nena puso cara triste cuando le dijimos que no había el remedio de su abuela. Nos comimos algo allí porque ella tenía hambre. E. tenía que ir a trabajar. Pensé que lo mejor era regresar con mi hermano que debía estar en la uni. Lo llamé y me dijo que había ido por un fuerte dolor a SaludChacao. Eso me descolocó y me guardé el celular en el bolsillo. Decidí irme sola aunque ni E. ni yo queríamos.  

Me subí en la camioneta con cartera, bolso y niñita en la Av. Nueva Granada. Solo a mí se me ocurre. Un viernes de quincena… con el celular en el bolsillo. Me senté. Y lo siguiente fue un cuchillo muy cerca de mi cachete y un viejo en evidente complicidad con otro que me dijo “Dame el celular blanco que te metiste en ese bolsillo”. No se pueden imaginar todo lo que siente uno o lo que piensa uno pero, sin pausa, le dije: ¡No! Lo miré y le dije: ¡No! Y cargué a mi bebé y me fui para atrás en la camioneta. Me iba a lanzar, no sé, y un muchacho me dijo que no me iba a dejar robar y la gente, en su mayoría mujeres, empezaron a gritar y empujar a los dos hombres y los lanzaron de la camioneta en movimiento. Le gritaron a los policías: ¡Un choro! ¡Un choro! ¡Un choro! ¡Iba a robar la camioneta! Y ellos respondieron con la mano que no e hicieron gestos de qué me importa. La gente del autobús siguió alborotada. Una señora dijo ¡Después los matan y dicen ay, pobrecito el policía!! ¡No joda! (Y unas cuantas maldiciones). Me preguntaban una y otra vez si me había quitado el teléfono o algo y yo decía que no. Y la bebé lloraba y decía ¡Mucho ruido! ¡Mucho ruido! Temblé hasta que me bajé de la camioneta. En la esquina quise abrazar al vendedor de cidís, que es bachaquero también (vende productos regulados a sobreprecio). Quise abrazarlo no porque le tuviera cariño sino porque era una cara conocida. Caminé.

En la panadería la bebé quiso pan y gracias a Dios había, porque ahora hay pan solo dos veces al día. El pan subió un 50 por ciento sin más ni más. Lo compré porque me alcanzaba con lo que E. me acaba de dar. En la entrada del edificio fue que me atreví a sacar mi celular blanco, que me trajeron de Perú y que con tanto esfuerzo pagué. Ese que yo sé que ahora no me puedo comprar. Le avisé a E., a mi hermano, a mis amigos. Ya en ese momento tenía rabia y nervios. Casi abrazo a la conserje cuando la vi. Le conté y me dijo que ella evita siempre esa avenida por eso. Me quedé con ella en la entrada del edificio esperando a mi mamá porque tenía miedo de estar sola en el apartamento. Y de paso mi mamá venía de la misma avenida. Llegó una vecina, preguntó por el agua, que nos racionan a 3 horas diarias desde agosto pero que no vemos desde hacía dos días. La conserje respondió: a según, la mandan el domingo. A lo que la vecina respondió: o sea, pal lunes… Esto implica salir a comer el fin de semana. ¿Con qué dinero si a los profesores universitarios no nos han pagado el sueldo? ¿por qué salir si tengo miedo? No en vano es Caracas la ciudad más peligrosa de América y creo que del mundo (E. dice que de la galaxia).  



miércoles, 17 de febrero de 2016

Frida Kahlo

Yo: Buenas noches  ¿Tiene Stalevo?
Empleada de Locatel con cara de recibir poco amor: No
Yo: ¿Glucofage de 1?
Empleada de Locatel con cara de recibir poco amor: No
Yo: ¿Euglucon?
Empleada de Locatel con cara de recibir poco amor: No
Yo: ¿Euthyrox?
Empleada de Locatel con cara de recibir poco amor: No
Yo: ¿Neurontin?
Empleada de Locatel con cara de recibir poco amor: No
Yo: ¿Aprovel?
Empleada de Locatel con cara de recibir poco amor: No
Yo: ¿Y Coaprovel?
Empleada de Locatel con cara de recibir poco amor: No
            No pestañó, no se rio, no cambió la cara para nada. No la juzgué. Me imaginé que pasa todo el día consultando en la computadora medicinas que hace mucho no llegan. Pensé que su trabajo ahora debe ser triste. De todos modos, me pareció sospechosa su actitud inmutable. Así que paseé cada pasillo sin ver nada atractivo, tomé mis dos pastas dentales de rigor. En Venezuela, está escaseando la pasta dental y nos permiten comprar dos cada semana, lo que para una familia como la mía es mucho pero uno compra porque dicen que no habrá más.
Entonces me paré en la cola más corta, me cercioré de que todos en todas las colas llevaban dos pastas dentales además de alguna cosita. Locatel es una “farmacia” de esas que venden de todo y es grande como un supermercado. Bueno, decir de todo ahora en Venezuela es decir pocas cosas. Me quedé mirando a las empleadas de la farmacia. Todas se ven similares, jóvenes, medio gorditas, de rulitos y con cara de cansancio y malas pulgas. Todas menos una. Hay una, que ya me había llamado la atención antes, que es blaaaaanca y se ve mayor que las demás, se ve que pasa los cincuenta y tenía cara de alegría o de al menos cierto entusiasmo…
Delante de mí en la cola una mujer le dice al marido que a ella no le alcanza el efectivo. Le explica a la cajera que las Euthyrox son para ella pero que el marido, que está en la cola de al lado, es el que va a pasar la tarjeta… Se me pusieron los ojos como a Tom, el de Tom y Jerry. Y la cajera mostrando la gloriosa cajita le dijo: ”Yo se la paso con lo de él”. A lo que la mujer respondió que el marido también estaba llevando y que permiten una sola cajita por persona y la cajera dijo: “Eso no importa, yo hago una sola factura” Pensé ¡Qué bolas! El sistema permite dos. Mientras lo pensaba me acerqué al mostrador de la farmacia y llamé con el dedo a la señora de cara contenta y



Yo: Ay, señora, ¿No le quedará por ahí Euthyrox?
Señora contenta: Sí, claro, de 100 mg. ¿Quiere dos?
Yo: Sí, por favor.
Señora contenta: Mire qué bonitos sus zarcillos… ¿Cómo es que se llama ella? ¿Frida? ¿Frida Caro?
Yo: Ah… sí… claro… Frida, Frida Kahlo….
Señora contenta: ¿Algo más?
Yo: Bueno… Euglucón… Stalevo… Aprovel…
Señora: No, nada… Coaprovel es que llegó un poquito.
Yo: ¡Coaprovel!! ¡Ese! Ese es el que estoy buscando pero como hace tanto que no se consigue pido Aprovel, que sirve de algo…
Señora contenta: le voy a dar una sola cajita porque quedan dos nada más. Se las pongo en la caja 6. Siguiente.
Yo la quería abrazar. Quería brincar de la alegría. Entonces recordé que ahora no solo buscamos Coaprovel para la tía de E. sino que buscamos Aprovel para la abuela de mi comadre. A ambas las quiero mucho… ¿Cómo hago con una sola cajita? Así que regresé al mostrador y le dije a la señora contenta la verdad. Que una tía en la Candelaria y mi abuela en Margarita toman la misma medicina, le pregunto que si yendo mañana tempranito encontraré esa cajita, y ella me preguntó que dónde había comprado esos zarcillos y yo le dije la verdad que me los regaló una amiga en mi cumpleaños y ella me dijo que a su hija que está en la universidad le gusta mucho esa mujer, que en una fiesta se disfrazó de ella, y sonreí y me dijo “Voy a hacer la excepción y te voy a dar la otra cajita” Y quise, otra vez, abrazarla. Y le agradecí.
Y ese fue el día en que Frida Kahlo me ayudó a conseguir Euthyrox y Coaprovel. 

domingo, 19 de abril de 2015

Eva


En América Latina, la del Sur, la hispanófona, como  la quieras llamar… toda la sociedad te mira desde la pubertad como si tú fueras Eva. O mejor dicho, la última Eva, la que nos va a salvar de la extinción. Cuando llegas a los 25 años sin que nadie te haya metido un gol ya eres sospechosa.

Tu mamá, tus tías, tus primas, tus hermanas, tus amigas, tus compañeras de trabajo, hasta la ascensorista te pregunta, con mayor frecuencia cuanto más te acercas a los 30, cuándo vas a traer al mundo una pequeña réplica tuya ¡El último de la estirpe! Es que parece que fuera así, que la humanidad depende tu fertilidad y de la carita bonita del muchachito o muchachita.

¿Que si tienes novio? ¡¿Ah?! ¡Seguro que lo tienes escondío! ¿Que si tu novio te insulta o te pega? Eso no importa, los muchachitos le deben salir bonitos. ¿Qué si han terminado esa relación más veces que las que salen al cine? ¡Qué exigente eres! ¿Qué no tienes casa? Tu mamá, tu tía y tu abuela, zutanejita y su hermana tampoco. ¿Que te quieres casar primero? Ah, bueno, pero casarse es facilito, un papelito. ¿Que te quieres graduar? Un muchachito bello y deseado no necesita tantas cosas.

Nadie se pregunta tampoco si odias a los niños, ni si eres enfermiza o floja. Todas quieren verte como mamá. Y aunque a veces creo que es una venganza de tu madre por haber nacido, para mi sorpresa es más frecuente que las nulíparas te manden a parir. Sí señores, esas niñas más jóvenes que tú te andan diciendo que tengas tú un bebé.

Eve after the Fall - Alexandre Cabanel
En su momento le respondí a más de una ¿Por qué no lo pares tú?, ¿Tú me lo vas a cuidar mientras trabajo?, ¿Tú me lo vas a mantener? Es verdad que he caído antipática pero… Es verdad, ya yo lo venía observando y lo termino de entender ahora. Nadie está dispuesto a hacer mucho por el último de la estirpe. Llega el día en que el bebé deja de ser una emoción. Y ese día puede ser el día que vuelves a casa después de parirlo. Para unas es más, para otras es menos. Y estás ahí, con tu vida que ya estaba full de cosas que hacer y ahora tienes que cubrir, con la ayuda del amor de tu vida en el mejor de los casos, tooodas las necesidades de la vida de un nuevo ser.

Entonces, aquel objeto del deseo de los demás, aquello que se creía iba a ser lo más atractivo del mundo para tu mamá, tus tías, tus primas, tus hermanas, tus amigas, tus compañeras de trabajo, la ascensorista ahora te aleja de todas ellas. Nunca nadie tuvo tiempo para nada pero cuando tienes un bebé nadie tiene tiempo ni para quejarse contigo de que no tiene tiempo. Casi ninguna (por no decir ninguna) te podrá echar una mano, ese día, ese uniquísimo día que necesitas una panita que te vea el bebé por una hora y media.


Se preguntarán si escribo esto para pedir amor, atención… Pues sí. Lo más probable es que sí pero sobre todo quisiera que dejáramos esa mala maña de decirle a la gente que hacer con su vida, con sus nacionalidades, con sus órganos sexuales, con sus estudios… Seguro yo misma alguna vez le dije a alguien que tuviera un hijo. Perdón. Ser madre es una experiencia maravillosa y es más feliz cuando el deseo de serlo nace de una, de su alma.

jueves, 31 de julio de 2014

Y sí, ya soy mamá

La bebé nació exactamente un año después de la última vez que vi a mi papá-abuelo. Cumplidas las 39 semanas tuvieron que hacerme una cesárea para evitar un riesgo mayor. De modo que tuvimos que interrumpir la feliz estadía de la bebé en mi vientre para vernos cara a cara sin más riesgo. La cesárea fue una experiencia traumática para mí, no estaba preparada y creo que nadie lo está: la salud está deshumanizada y pareciera que cuánto más cara la clínica más deshumanizado el proceso. Sin embargo, todo eso valió la pena por ver el rostro más hermoso, rojito y redondito que haya visto jamás. Y sí, la bebé llegó para transformarlo todo en alegría. Ese día tuve la suerte de estar rodeada de mucha gente bella: mi familia y mis amigos. Es una bendición que tu bebé sea tan bien recibida.

El primer día
Las semanas siguientes tuve a mi mamá a mi lado, eso fue lo mejor de la vida, me alimentó muy bien y me dio mucha fortaleza. Es que tener a un recién nacido y estar recién operada no es nada fácil ni agradable. Y sí, cuando tienes un hijo aprendes a amar aún más a tu mamá. También Dios me bendijo con la ayuda de mi hermana, que trataba a la bebé con un amor maternal hermoso. En fin, en las primeras semanas, la bebé y yo estuvimos rodeadas de mucho amor de mi mamá, de mi hermana, de mi hermano aunque no se notara mucho, y especialmente de Edgardo, que está disfrutando tanto como yo esta alegría.

Mi hermana y mi mamá

Lo siguiente fue vestirla bonita y salir y ¿A quién se parece? –A Alejandro Sanz. –Al amor… ¿Se porta bien? –Mejor que tú… ¿Te deja dormir? –Toda la noche. ¿Es tranquila? –Claro… ¿Come bien? –Sí, mírale las piernotas ¿Y ya toma tetero? -No y mejor que no, qué flojera.



Y sí, la vida te cambia. Mi vida sigue siendo aburrida y mis actividades las mismas peeero ahora me dedico a leer sobre crianza y alimentación y a hacer cintillos. Esas son ahora mis líneas de investigación.

Los meses han pasado volando tal como pasa el tiempo siempre que uno es feliz. Ese rostro que siempre quiero admirar ya me sonríe, ya me lanza besos y ya me dice:
 Ma – má

domingo, 13 de octubre de 2013

La hermosa experiencia

La noticia nos llegó un tanto tarde y en mal momento. Mi mente, mi cuerpo, todo estaba centrado en mi hermana. No me importaba otra cosa, realmente, no me importaba ni comer, ni dormir, ni hacer el esfuerzo que fuere. Fueron días borrosos y terribles. Pasados muchos días de esos fui al médico por un dolor, sin la más mínima sospecha de que estaba haciéndole daño al mejor regalo que Dios me había mandado y que como mucho de lo que hace Dios se mantenía en secreto. Tal vez esta bebé ha sido enviada por Dios para volver los malos momentos en momentos hermosos.
Lo siguiente fue guardar reposo, asustada muy asustada, y con la cabeza donde estaban mi mamá y hermanos. Pasado ese primer riesgo…


Vomitar, vomitar, vomitar… No tolerar nada… ¡Pun! Emergencias, medicinas, más reposo…
Vomitar, marearse, digerir mal, sangra la nariz, sangran los oídos, duelen las piernas, sueños locos…
Pateó [Mayor alegría]
Calambres, calambres, calambres… No caminar bien… ¡Pun! Caída. No pasó a mayores.
Acidez, diarrea, estreñimiento, no poder dormir completo, no respirar bien… Las “pataditas” duelen…
Debilidad, cansancio, anemia… ¡Pun! Emergencias, hierro endovenoso, reposo absoluto…

Creo que me quedo corta de síntomas, ya llegamos a la semana 36 y ahora es que estoy llorando hasta porque lloro. Hace tres semanas murió mi papá-abuelo. Sentí que moría. Sentí un dolor inmenso, incomparable, lloré pero no lloré todo lo que siempre pensé que lloraría y lo hice porque la bebé no parecía sentirse bien o trataba de alegrarme con sus pataditas porque se movía y se movía… Una vez más, ella transformaba lo peor en lo mejor. Todavía no entiendo cómo pueden decir que “el embarazo es la mejor experiencia de la vida”… No lo creo… Es un desgaste físico y emocional grandísimo, eso sin contar el económico. No logro entender la gente que lo busca con propósitos viles… Creo que sin amor no se puede sobrevivir a esto. En este momento estamos en riesgo otra vez, la bebé debe esperar al menos tres semanas para nacer y en ese tiempo yo debo subir mis valores hematológicos a valores normales para que todo salga bien para las dos.

Para mí, lo mejor de la vida no es el embarazo sino la vida nueva y como siempre pasa con las mejores cosas, se pasa trabajo por ellas. Dios nos siga acompañando en este camino a conocer cara a cara a la vida.